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Joan era tarde y unos cincuenta metros de la parada del autobús cuando vio que en otra esquina más cercana a su forma de conducir el desfile.

Corrió muy duro y valiente hasta el punto agarrando su bolso con una mano mientras agitaba el otro brazo señalando el autobús se acercó a ella. Se las arregló para acercarse lo suficiente para ver la sonrisa sádica del conductor como él aceleró y se fue directo a ella.

Ella se quedó jadeando en el punto. Él respiró pesadamente mientras sentía los latidos de su corazón acelerado y la mirada condescendiente de otras personas que esperan para el transporte.

Le dio un ligero ordenado el pelo desordenado y regresó a la nariz enpinar.
El lápiz labial corrido un poco en las esquinas, pero nunca se rompió el pico.